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domingo, 5 de enero de 2014

Ser Dios

En la vieja "energía", en el viejo mundo, aun hoy en día se tiene la idea equivocada de que Dios es algo externo a nosotros. Este tipo de creencia en realidad lo que produce es desasosiego e infelicidad. Para alcanzar a Dios es necesario que logremos "ser" es decir, amarnos profundamente y deshacernos de los miedos que tenemos, que no son pocos, y cuando además cesa el "ruido" de la pequeña mente pensante, en ese momento logramos alcanzar a nuestro ser superior, que es en realidad nuestra parte divina, la cual no se manifiesta en ésta dimensión porque es algo de tan alta frecuencia de vibración que está muy por encima de la tercera dimensión, y nuestros sentidos físicos son totalmente incapaces de detectar. Somos seres divinos que estamos en este planeta para alcanzar algo concreto, y para experienciar la vida en carne.

En las diferentes épocas de la historia de la humanidad han habido algunos seres iluminados que han alcanzado a Dios, pero solo después de descubrir que eran ellos mismos, y se han dado cuenta de que ésta matriz holográfica en la que vivimos está influenciada cada día, a cada instante por nuestros pensamientos, que somos capaces de modificar nuestro entorno con la energía que desprende nuestro ser superior y que el resultado final de nuestro mundo y de nuestras vidas es únicamente el producido por nosotros........

Una de las formas "pobres" de llegar a Dios, a nuestro ser supremo es mediante el sexo. El sexo es la manifestación física del intento de llegar al "nirvana". Algunos han descrito el Nirvana como un "orgasmo" infinito.

Al margen de todo ésto, he de decir que el sexo es sagrado. Es la unión carnal de dos almas que comparten la misma frecuencia vibratoria, y es la manifestación más pura del amor en su máxima expresión. Pero no hablo en ningún momento del sexo habitual, si no del sexo desde la posición del compartir energías, de ser uno desde dos seres.

En el sexo "de diario", cuando llega el orgasmo se llega a un instante en el cual no se siente nada, no se piensa nada, se "es" simplemente, pero dura tan poco, justo un chasquido de dedos, que en seguida se vuelve a la rutina de pensamiento, a la vida normal. Pero ese instante alcanzado, ha sido un instante de ser Dios, de ser el yo superior que todos y cada uno llevamos dentro, y además solo es una pequeña porción de lo que en realidad somos, y sin embargo ha sido tan sublime y tan especial que nos quedamos "insatisfechos" y en seguida nos sentimos vacíos, y es como si algo inalcanzable nos faltara.

Dios es yo y yo soy Dios en el instante en el que ceso de ser yo.